Quiero decirte, que es muy difícil ser papá, ahora mismo no sé si estoy haciendo siquiera un buen trabajo, si les estoy dando las herramientas que ellos necesitan para ser buenas personas. Mientras más pasa el tiempo, más me frustra saber si la forma en que los educo es la correcta. Amor no les falta, comunicación tampoco, he tratado de brindarles la confianza para que se acerquen a charlar conmigo y me expresen su sentir. Pero entonces, suceden cosas, mi esposo y yo siento que nos estamos volviendo unos desconocidos para ellos. Las amistades están tomando el primer lugar en su vida, la privacidad es importante, pero aún más significativo son los valores con los que los hemos educado. Me duele ver, como poco a poco pasamos a segundo plano. Pero también, me alegra verlos desenvolverse. Es un sentimiento agridulce. ¿Lo estoy haciendo bien? No lo sé. Quizás el tiempo me confirme si lo es. No quiero repetir viejos patrones, quiero darles libertad, pero que no caigan en libertina...
Recuerdo cuando me avisaron que ya no volvería a oír tu voz. El sentimiento me sobrecogió y por un momento sentí como si no tuviera voz, razón, emoción o pensamientos. Fue un instante en el que no existía nada salvo tu perdida. Después, supe que tenía que avisarles a todos. El dolor de tu ausencia estaba ahí, pero a la vez no estaba, es como si hubiese sido metido en un cajón con llave. Sabíamos que teníamos que ir para darte el último adiós y entonces mi melancólico corazón lo supo, ya no volverías a platicar con tu cómplice de sueños. Hoy es tu no cumpleaños y en ocho días tu aniversario luctuoso. He aceptado que ya no estás aquí, sin embargo, cuando más melancólica estoy, aún puedo escuchar tus palabras motivándome, animándome y me las repito porque sé que esas palabras solo vuelven tu presencia más real, como si no te hubieras ido del todo.
No sé si el querer sentir reconocimiento por algo que haces por amor, sea lo justo. Sin embargo, cuando han pasado los años y te das cuenta que nunca recibirás el lugar que te corresponde te desmoronas. Es como vivir en una prisión, dónde respirar es el mejor beneficio que se pueda tener. La impotencia frena mis venas, el silencio es más caótico que un iceberg, y más inmenso que el infinito. Es por que me ha demostrado que es algo permanente. nunca cambiará y duele duele... pero no importan las lágrimas, no le son inmunes, ni las palabras ni las acciones, solo el hecho de que pueda sacar provecho. Y me siento tan cansada tan sola y la soledad resuena fuerte me susurra el rechazo me sigue invitando cada noche a sus aposentos murmura que nunca seré nadie. nadie nadie nadie...
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